lunes, 12 de abril de 2010

Mi lugar

Les habían dicho que lo esperaran en el parque. Así funcionaba el sistema: ellos mandaban un mensaje y el diller les llamaba desde un público para decirles donde esperarlo. Debían esperarlo todo el tiempo que fuera necesario, porque luego llegaba a tardar. Pero si te llamaba era seguro, por eso ambos se sentaron plácidamente en la jardinera del parque, volteando a ver para todos lados. Querían “café”, porque ya iban varios días sin que nadie les “tirara” más que apenas un cualquiera. Y comenzaban a sentirse intranquilos sin su reglamentario “churro”. Más Tito, porque El Chaque se metía mona de vez en cuando.

El Chaque deja en el suelo una bolsa de papel en la que trae envueltos unos vestidos y se busca en los bolsillos algo de dinero. ¿Y si vamos por unas frías? Como quieras, le contesta Tito. Corren al Oxxo y se hacen con dos latas de Sol. Voltean para todos lados y no ven a nadie que se acerque a ellos. A veces el bueno, por pura seguridad, manda a alguien con el encargo y se va de inmediato.

¿Qué traes ahí? Dice Tito bebiendo de su insípida cerveza. Unos vestiditos, se los traía al Chemi, para ver si me los compraba, pero no lo veo por ninguna parte. Ya ves que luego se va a vender fuera. No creo que quiera, ahora anda con la cosa de la joyería. Afirma Tito viendo de reojo a alguien que se acerca a las espaldas de Chaque.

El que se acerca es un tipo con rastas, la cara marcada por el tiempo y los golpes. Trae un tatuaje mal hecho en el antebrazo. Todo pasa tan rápido que apenas si Tito logra dar un salto hacia atrás. El tipo agarra a Chaque por la espalda y le da un golpe en la parte baja. Luego le asesta su puño en la cara, justo en el ojo izquierdo. Chaque solo gime brevemente y se deja caer en el suelo.

Tito intenta acercarse a su amigo y el rastudo lo empuja por el cuello ¡No le saltes güero! La cosa es con él, no contigo. Si le brincas también te toca. Tito se paraliza cuando ve un picahielo en la mano del tipo. Se ve las manos y se da cuenta que tiene sangre en ellas. Se quiso chingar mi lugar, güero. Y la neta nadie me hace eso. Ábrete y tú nunca me has visto. El rastudo corre y Tito hace lo mismo, pero en sentido contrario. Cuando el diller llega el Chaque se sigue desangrando en el suelo, con sus vestidos en la bolsa.

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