martes, 29 de junio de 2010

Yo declino, tú declinas


El PRD nació como una confluencia de fuerzas de izquierda de diferente radicalidad. La mayoría venían de grupos comunistas, ligas revolucionarias, antiguos guerrilleros y muchos otros de las luchas barriales que emergieron luego del temblor del 85. Ante la estulticia y estupidez del gobierno federal, la gente del DF se organizó y levantó la ciudad.
Era increíble ver cómo en las viejas vecindades del centro donde seguía fluyendo agua, sus habitantes organizaban caravanas para llevar botes a las colonias donde no llegaba el líquido. Ni un policía hizo falta. Con todos estos movimientos sociales en confluencia y después del fraude perpetrado por Salinas y su PRI, el PRD unió en su seno a miles de personas que, dejando diferencias dogmáticas e ideológicas, pensaban en un solo camino de izquierda para el país.
Obviamente, llegaron muchos antiguos priistas y derivó en lo que vemos actualmente: un merequetengue, un verdadero quilombo donde antiguos maoístas, comparten sala con hijos del salinato más crudo y vil. Cuando menos los priistas siempre han sido más reacios a juntarse con la chusma. Las viejas momias priistas siguen dictando los rumbos del partido desde las sombras. Se apoyan entre ellos, son disciplinados y esperan su turno, sino… pues se cambian de partido.
Los panistas habían seguido este mismo juego de disciplina y de orden, hasta que llegaron los neopanistas -es decir los nuevos ricos- y tuvieron que dejar un poco de su poder en manos de los flamantes conservadores. La imagen señera de los viejos panistas, es decir blanco occidental, barbado y católico fundamentalista se ha tenido que “manchar” con gente de aspecto manos caucásico.
El caso es que a nadie le espante que uno decline, el otro cachondé a su enemigo de antaño y uno más se queje de la campaña negra. Lo que le queda esta sociedad mexicana politizada, pero poco participativa es hacer eso, participar activamente, no solo en época de elecciones, sino durante todo el año. Exigiendo, leyendo, retomando viejas costumbres barriales. ¿Si nos organizamos para un mole que no lo hagamos por nuestro país?

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